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miércoles, 16 de abril de 2008

El día internacional de las obreras




V. I. Lenin

Escrito: En 1921.

Primera publicación: El 8 de marzo de 1921 en el suplemento al num. 51 de Pravda, con la firma: N. Lenin.

Digitalizado para el MIA: Por Gabriel Ravano, octubre de 2001.



Lo principal y fundamental del bolchevismo y de la Revolución de Octubre en Rusia consiste precisamente en la incorporación a la política de los que sufrían mayor opresión bajo cl capitalismo. Los capitalistas los opri­mían, los engañaban y los saqueaban con monarquía y con repúblicas democráticas burguesas. Esta opresión, este engaño, este saqueo del trabajo del pueblo por los capi­talistas eran inevitables mientras existía la propiedad pri­vada sobre la tierra y las fábricas.


La esencia dcl bolchevismo, la esencia del Poder soviético radica en concentrar la plenitud del poder estatal en manos de las masas trabajadoras y explotadas, desen­mascarando la mentira y la hipocresía de la democracia burguesa y aboliendo la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas. Estas masas toman a su cargo la política, es decir, la tarea de edificar una nueva sociedad. La obra es difícil; las mas de haber vivido bajo el capitalismo, pero no hay ni puede haber otra salida de la esclavitud capitalista.


Y no es posible incorporar las incorporar a las mujeres. Porque, bajo el capitalismo, la mitad femenina dcl género humano esta doblemente oprimida. La obrera y la campesina son oprimidas por el capital, y además, incluso en las republicas burguesas más democráticas no tienen plenitud de derechos, ya que la ley les niega la igualdad con el hombre. Esto, en primer lugar, y en segundo lugar -lo que es más importante-, permanecen en la "esclavitud casera", son "esclavas del hogar", viven agobiadas por la labor más mezquina, más ingrata, más dura y más embrutecedora: la de la Cocina y, en general, la de la economía doméstica familiar in­dividual.


La revolución bolchevique, soviética, corta las raíces de la opresión y de la desigualdad de la mujer tan pro­fundamente como no osó cortarlas jamás un solo partido ni una sola revolución en el mundo. En nuestro país, en la Rusia Soviética, no han quedado ni rastros de la desi­gualdad de la mujer y el hombre ante la ley. Una desi­gualdad sobremanera repulsiva, vil e hipócrita en el dere­cho matrimonial y familiar, la desigualdad en lo referen­te al niño, ha sido eliminada totalmente por el Poder soviético.


Esto constituye tan sólo el primer paso hacia la eman­cipación de la mujer. Pero ninguna república burguesa, aun la más democrática, se atrevió jamás a dar ni siquiera este primer paso. No se atrevió por temor ante la sacrosanta propiedad privada".


El segundo paso, el principal, ha sido la abolición de la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas. Así, y únicamente así, se abre el camino para la emancipación completa y efectiva de la mujer, para su liberación de la "esclavitud casera", mediante el paso de la pequeña economía doméstica individual a la grande y socializada.


El tránsito es difícil, pues se trata de transformar las normas" más arraigadas, rutinarias, rudas y osificadas (a decir verdad, son bochorno y salvajismo, y no "nor­mas"). Pero el tránsito ha comenzado, se ha puesto inicio a la obra, hemos entrado en el nuevo camino.


Y en el día internacional de las obreras, en innume­rables reuniones de trabajadoras de todos los países del mundo resonarán saludos a la Rusia Soviética, que ha emprendido una obra difícil y pesada hasta lo inaudito, pero grande, de trascendencia universal, verdaderamente liberadora. Resonarán llamamientos optimistas, exhortan­do a no desfallecer ante la reacción burguesa, brutal y a menudo feroz. Cuanto más "libre" o "democrático" es un país burgués, tanto más brutalidades y ferocidades come­te la banda capitalista contra la revolución de los obreros; la República democrática de los Estados Unidos de Norteamérica es, a este respecto, un ejemplo ilustrativo. Pero el obrero ha despertado ya en masa. La guerra imperialista ha despertado definitivamente a las masas dur­mientes, soñolientas y rutinarias tanto en América como en Europa y en la atrasada Asia.


Se ha roto el hielo en todos los confines del mundo. La liberación de los pueblos del yugo del imperialis­mo, la liberación de los obreros y de las obreras del yugo del capital avanza inconteniblemente. La han impulsado decenas y cientos de millones de obreros y obreras, de campesinos y campesinas. Y por eso la causa de la eman­cipación del trabajo del yugo del capital triunfará en el mundo entero.

Apuntes de feminismo revolucionario

En la era de los medios masivos, y de la “sociedad de la imagen”, es cuando el cuerpo humano, y sobre todo el de la mujer, sufre un proceso de colonización y apropiación por parte de la burguesía consumista

El capitalismo no es sino una de las últimas formas de explotación y dominación de los cuerpos. Esta explotación y dominación se remonta muy atrás en el tiempo. Abarca toda la historia de lo que, de manera muy pomposa, damos en llamar “civilización”. No hay constancia de que en las sociedades prehistóricas y pre-urbanas se diera la explotación y la dominación de los cuerpos. A lo sumo, las sociedades aldeanas practicaron hasta bien entrado el neolítico una primitiva división del trabajo en función del sexo, pero de ella no parece que se pueda deducir una dominación y explotación de los cuerpos etiquetados o marcados en función del sexo.

El inicio de la “civilización”, como ya indica el término, “cives” (como polis, ciudad y estado) es el inicio de una verdadera jerarquía social de dominación entre los seres humanos. El control de las entidades políticas a cargo de una elite aristocrática, guerrera, sacerdotal, o bien por una mezcla o simbiosis de ambas castas, es un control que incluye el etiquetado o el marcaje en función del sexo. De la mera diversidad de los cuerpos, que no atiende únicamente a la anatomía reproductora y sexual, sino también a las diferencias de edad, de raza, de capacidad guerrera, intelectual o laboral, se pasa a una rígida jerarquización en función del sexo ya “marcado” en términos de Poder.

El marcaje se hace de forma transversal, es decir, que la dicotomía socialmente creada de macho-hembra alcanza a todas las clases o castas sociales, si bien se modula según la clase o casta de la que se trata. Por ejemplo, en ciertas sociedades la mujer, aun habiendo resultado subordinada en función de un marcaje “civilizado” sufre una situación menos oprimida si ésta nace en una clase alta. En otras sociedades ocurrirá justamente lo contrario, y una mujer nacida con un estatus elevado sufre una mayor presión de marcaje precisamente por ello, en comparación con las féminas de las clases bajas. Se puede estudiar esta diferente modulación del marcaje sexual, observando la gran desenvoltura de que gozaba la hembra romana de la clase superior, en comparación con la mujer del populacho, por un lado, y el estricto código puritano y opresivo de la fémina de la época victoriana de la alta burguesía europea occidental frente a la mayor desenvoltura e independencia (relativas) de la obrera decimonónica.

El “rearme moral” que la burguesía occidental impulsó a lo largo del siglo XIX, y cuyas consecuencias llegan hasta hoy, se puede interpretar como una intensa campaña de colonización que las clases pudientes ejercieron sobre el proletariado con el fin de sujetar y controlar sus cuerpos y sus actividades corporales, no ya solo en el ámbito sexual y sus aledaños (matrimonio monogámico, crianza de niños, tamaño de los hogares...) sino en otros planos de la “vida civilizada” con el fin de que la obrera fuera un calco casi perfecto de la burguesa en el plano de la “moral”. De hecho, esta idea de la “moral” tal y como los burgueses la difundieron empleándola como consigna de colonización de cuerpos y hábitos de lxs proletarixs, no fue otra cosa que el enmascaramiento de unas relaciones asimétricas que el régimen de producción capitalista imponía.

Que la burguesía dominara al proletariado en el ámbito de la Producción, implicaba necesariamente una subsiguiente dominación de sus cuerpos y hábitos mucho más allá de la mera explotación laboral. Un régimen de producción, como demostró Marx, acaba siendo un régimen de jerarquización social, donde los dominantes se imponen sobre los dominados y cortan todos los vínculos que antaño permitían a éstos escaparse de la “trampa social” que era y es el capitalismo. Un régimen de producción dominante siempre consiste en un sistema que llega a imposibilitar la autosuficiencia de los dominados. Esto fue lo que ocurrió con el proceso de acumulación primitiva y la expulsión de los campesinos de sus granjas, tierras de autoabastecimiento, bienes comunales, redes de solidaridad tradicional, etc.

Ese campesinado expulsado a la periferia de la urbe y dirigido hacia la fábrica es el proletariado atrapado en un sistema productivo “sin escapatoria”, en el que no hay más remedio que producir para otro bajo los resortes, condiciones y medios que proporciona el otro. Pues bien, una vez logrado eso, es decir, una vez creado el proletariado por medio de todo un sistema de poder y violencia (leyes de cierres de terrenos, leyes de pobres, leyes de persecución de “vagabundos y vagos”, orfanatos, asilos, etc.), el paso siguiente fue el de colonizar los hábitos “libertinos” de lxs proletarixs. En realidad, a comienzos de la Revolución Industrial, Europa Occidental se encontró con dos culturas divergentes.

La cultura burguesa y la cultura proletaria. La cultura de lxs proletarixs es muy desconocida históricamente, por aquello de que la Historia siempre la escriben los vencedores. Pero en todo caso sabemos que la burguesía reaccionó violentamente contra la proliferación de la subcultura “libertina” proletaria, pastoreando al proletariado según unas estrategias de control, dominación y sometimiento que arrancan ya de finales de la edad media. Fue así como la alianza entre la clerigalla y el capital emergente “inventó” una serie de instituciones como el matrimonio monogámico, el prostíbulo, etc. Instituciones que existían desde los albores mismos de la vida civilizada, pero que la nueva burguesía moduló para asegurar así un control total de cuerpos y de hábitos sobre el cual consolidar su dominación y sometimiento.

De una situación disociada, en la que la burguesía dominaba al proletariado que se estaba creando (y ello únicamente por medio de la explotación laboral) hubo de pasarse rápidamente a una colonización cultural: la parte burguesa de la sociedad exigía de la proletaria una emulación creciente ante el “escándalo moral” que significan los usos y costumbres espontáneas del proletariado.

El proletariado se colonizó de diversas maneras. Se dieron extensas campañas anti-alcohólicas, proyectos de re-evangelización, como los que luego formaron parte de Acción Católica y diversos sindicatos y asociaciones obreras de tipo cristiano. Se exigió el matrimonio heterosexual monogámico entre la clase obrera, persiguiendo cualquier otro tipo de uniones entre las personas (habituales desde la edad media) llegando incluso a su criminalización. Por lo demás, se extirpó cualquier forma de conducta espontánea de los obreros, tachándose de criminal, viciosa y pecaminosa.

En el origen de esta persecución de la diversidad encontramos todo un sinfín de instituciones (incluyendo las ciencias humanas) modernas, tales como el asilo, el presidio, el prostíbulo, la escuela reglada, el cuartel, el manicomio, etc. , así como una serie de “para-ciencias” que ya no pueden tildarse de humanidades, ni tampoco ser consideradas como ciencias en el sentido estricto, sino más bien como un corpus de técnicas de dominación, sometimiento o, al menos, control, que la sociedad burguesa va incorporando con el fin de lograr una colonización o domesticación del creciente contingente del proletariado.

Los espléndidos análisis de Michel Foucault, acerca de estas cuestiones, a mi juicio, hubieran ganado infinitamente si se les hubiera incorporado siempre una perspectiva de clase (es decir, marxista). Foucault subrayó que tales nuevas ciencias y técnicas de control, dominación y sometimiento no pueden ser meras superestructuras ni “instituciones”, y fue esta una consideración en la que el filósofo francés anduvo plenamente acertado. No son superestructuras sino estrategias, técnicas y procedimientos del propio capital y de sus mismos agentes en orden a consolidar su hegemonía sobre la clase obrera, así como formas aún más perfeccionadas que las tradicionales en orden a obtener plusvalía, con vistas a añadir y a potenciar a las técnicas tradicionales de la explotación de la fuerza de trabajo por cauces puramente económicos y mecánicos.

En efecto, la fuerza de trabajo puede ser crecientemente explotada por medio de una mayor inversión del capitalista en maquinaria, en tecnología que aumente la producción, que mejore el rendimiento. También puede hacerse, sin renunciar a lo primero, a través de una prolongación de la jornada laboral, etc. Pero la sociedad burguesa estaba (y está) absolutamente interesada en contar, además, con una dominación “moral” sobre la fuerza de trabajo a la que explota y a la que le chupa la sangre. La burguesía es, tendencialmente, fascista y esclavista y solo la resistencia de los oprimidos es capaz de romper o, al menos, obstaculizar sus intentos omnímodos de dominación no ya solo en el terreno económico sino también en el cultural y en el “moral”.

Es ahí donde cobra toda su importancia la historia de la explotación de los cuerpos, y su verdadera colonización a cargo de la sociedad burguesa ya en los siglos XX y XXI. Es en esta era de los medios de comunicación de masa, y de la “sociedad de la imagen” en la que el cuerpo humano, y de manera especialmente significativa, el cuerpo de la mujer, sufre un proceso de colonización y apropiación por parte de la burguesía consumista. Esta clase, esencialmente vampírica, se define por la posesión del capital y por ende, controladora de los medios de producción. Pero a su vez es la clase consumista por antonomasia.

A partir del marxismo más clásico, puede señalarse a esta clase como la responsable del desmesurado consumo de recursos energéticos para la producción, el despilfarro energético por su modo de vida, etc., pero normalmente no se ha puesto el acento, de manera suficiente, en la explotación y despilfarro de otros “bienes” que han entrado en un proceso de valorización. Y es que en esto, el capitalismo se muestra voraz, insaciable. Lo que antes parecía un recurso natural, e infinito, por tanto un don (“gratuito”) pasa a convertirse en valor de cambio, y en mercancía consumible. Y, claro, el grado y extensión en que se podrá consumir dicha mercancía estará en función no ya de restricciones morales (pues el capitalismo como tal es siempre muy cínico, no posee nunca moral y por ello se apoya en éticas prestadas, la cristiana, p. ejemplo), sino en función de restricciones del presupuesto del consumidor.

En este orden de cosas, se puede decir que hemos pasado de

(1) una moral puritana (victoriana) a la vieja usanza, basada en la marginalidad de la industria del sexo, con una dicotomía rígida entre matrimonio monógamo con corsé, por un lado, y el prostíbulo, o establecimiento empresarial dedicado a la explotación de cuerpos de mujeres a

(2) una mayor diversidad e intensidad de la industria del sexo, en la que últimamente se van incorporando los cuerpos de varones y niñxs, pero en la que sigue siendo la mujer y la niña la clase de víctima mayoritaria, a través de una serie de “salidas” que, lejos de poder tildarse como salidas laborales, son “salidas” encaminadas directamente a la conversión de la sustancia humana en “cosa” o “mercancía”.

El sistema capitalista ha optado, en el último medio siglo especialmente, por planificar una ampliación del consumo, dejando a un lado las salidas restrictivas propias de la era del matrimonio-burdel, y bajo la fachada de una mayor permisividad, lo que ha potenciado de manera inusitada es la conversión de los cuerpos, y especialmente de los cuerpos de mujer, en un territorio a colonizar y valorizar, en un objeto consumible de mil maneras, no ya solo a través de una fornicación mercantilizada, sino también a través de todas las técnicas de voyeurismo y juegos de dramaturgia sexual que, junto al anonimato del consumidor, se pueden lograr por medio las tecnologías de la imagen, el mercado editorial y de la imagen internet, etc.

Esta explosión de la “libido” que caracteriza el capitalismo senil de nuestros tiempos, en vez de constituir un paso hacia la liberación de las personas, representa más bien una profundización de la colonización sobre los cuerpos. Cabe preguntarse, como hizo Foucault, no ya por qué hay “represión sexual”, sino al contrario, a quién le interesa este caudal de estímulos de la libido y una estimulación mercantilizada tal y como ahora se hace.

Las imágenes poseen sobre la psique del consumidor un poder real, efectivo. La teatralización de posturas humillantes, sadomasoquistas, violentas, etc. , que hoy transmite al público el inmenso negocio de la pornografía y de la prostitución en el sentido amplio (de la cual la pornografía no es sino un apartado), supone para la mujer –principalmente- un efectivo sometimiento, una verdadera dominación. Ésta dominación sobre las mujeres, esta imaginería de cuerpos sometidos, vejados, constreñidos, etc., se traslada a las relaciones humanas efectivas.

Se podría simplificar la cuestión diciendo que cuanto más se escenifique teatralmente -por medio de la pornografía o de la prostitución- una violación, ésta acabará por hacerse más “real” y más frecuente, superponiéndose a las relaciones sexuales igualitarias, y desplazando finalmente a éstas. La sociedad burguesa consigue siempre la meta de exigir al público un pago por lo que, en un mundo tradicional, era “natural” y a la mano. La “perversión” de toda la naturaleza (el agua, el aire, la tierra) que se ha operado dentro del capitalismo tenía que llegar, por fuerza, a la perversión del cuerpo humano, a la conversión de la mujer en esclava y en mercancía, y ello de una forma transversal y genérica.

Es una tendencia ésta que, si una revolución comunista no lo remedia, resulta imparable. El feminismo de verdad es el feminismo marxista y siempre es revolucionario. Este movimiento debería constituir el brazo derecho de todo movimiento comunista empeñado de veras en socavar las actuales relaciones de producción, que también son relaciones de dominación. En este brazo de lucha, las mujeres y los hombres deben trabajar juntos para sustituir el régimen de producción vigente (que propende como ya he escrito cien veces, al fascismo y al esclavismo) por un régimen comunista en el que se acabe definitivamente el proceso de conversión de los seres humanos en cosa.

Del estado insufrible de la mujer en su actual “marcaje” que la sociedad hace de ella, ninguna ventaja puede obtener el varón, pues el supuesto “macho dominante” se aliena en el momento mismo de canalizar sus relaciones con las personas alienadas del sexo opuesto. Los estereotipos del “cuerpo femenino dominado y colonizado” que tanta libido parecen movilizar en la actual sociedad de consumo global, son más que estereotipos, son tendencias finalistas reales, que el capitalismo y la burguesía dominante están insertando en nuestro subconsciente, como parte de su proyecto global de hacernos a todos y a todas esclavxs, cosas.

Guerra al Capital.

jueves, 27 de marzo de 2008

EL 'PROBLEMA FEMENINO' Y EL MARXISMO



El problema femenino es una cuestión importante para la lucha popular. Y su importancia es hoy mayor porque se intensifican acciones tendientes a la movilización de las mujeres; movilización necesaria y fructífera desde la posición de la clase obrera y al servicio de las masas populares, pero que impulsada por y en beneficio de las clases explotadoras actúa como elemento de divisionismo y freno de la lucha popular.



En este nuevo período de politización de las masas femeninas en el cual nos desenvolvemos, teniendo como base una mayor participación económica de las mujeres en el país, es indispensable prestar seria atención al problema femenino en tanto estudio e investigación, incorporación política y consecuente labor organizativa. Tarea que plantea tener presente la gran tesis de Mariátegui que enseña : "LAS MUJERES COMO LOS HOMBRES SON REACCIONARIAS, CENTRISTAS O REVOLUCIONARIAS, NO PUEDEN, POR CONSIGUIENTE , COMBATIR JUNTAS LA MISMA BATALLA. EN EL ACTUAL PANORAMA HUMANO LA CLASE DIFERENCIA A LOS INDIVIDUOS MAS QUE EL SEXO". Así, desde el comienzo, la necesidad de una comprensión científica del problema femenino exige partir incuestionablemente de la Concepción de la clase obrera, del marxismo.


1. La teoría de la mujer como "naturaleza femenina deficitaria"


A lo largo de los siglos las clases explotadoras han sostenido e impuesto la pseudo teoría de la "naturaleza femenina deficitaria", que ha servido para justificar la opresión que hasta hoy experimentan las mujeres en las sociedades en que la explotación, sigue imperando.


Así, la alabanza de los judíos: "Bendito sea Dios, nuestro Señor y Señor de todos los mundos, por no haberme hecho mujer" y el conformismo de las judías que rezan: "Bendito sea el Señor que me ha creado según su voluntad", expresan claramente el menosprecio del mundo antiguo por la condición de la mujer. Estas ideas también predominaron en el esclavismo griego; el famoso Pitágoras decía: "Hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer"; y hasta el gran filósofo Aristóteles sentenció: "La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades", y "El carácter de las mujeres padece de un defecto natural".


Estos planteamientos pasaron al período final del esclavismo romano y al medioevo, acentuándose en los pensadores cristiano el menosprecio a la mujer con imputaciones de ser ésta fuente de pecado y antesala del infierno. Tertuliano clamó: « Mujer eres la puerta del diablo. Has persuadido a aquél a quien el diablo no se atrevía a atacar de frente. Por tu culpa tuvo que morir el hijo de Dios; deberías ir siempre vestida de duelo y de harapos"; y Agustín de Hipona: "La mujer es una bestia que no es firme ni estable". Mientras aquéllos condenaban otros sentenciaron la inferioridad y obediencia femeninas; así Pablo de Tarso, el apóstol, predicó: "El hombre no ha sido sacado de la mujer, sino la mujer del hombre; y el hombre no ha sido creado para la mujer, sino la mujer para el hombre", y "Así como la iglesia está sometida a Cristo, así sean sumisas en toda cosa las mujeres a su marido". Y cientos de años después, en el siglo XIII, Tomás de Aquino prosiguió igual prédica: "El hombre es la cabeza de la mujer, del mismo modo que Cristo es la cabeza del hombre" y "Es un hecho que la mujer está destinada a vivir bajo la autoridad del hombre y que no tiene autoridad por sí misma".


La comprensión de la condición femenina no avanzó mayormente con el desarrollo del capitalismo, pues si bien Condorcet apunta a señalar su raíz social al decir: "Se ha dicho que las mujeres...carecían del sentimiento de justicia, y que obedecían antes a su sentimiento que a su conciencia ...esa diferencia ha sido causada por la educación y la existencia social, no por la naturaleza", y el gran materialista Diderot escribía: "Os compadezco mujeres" y "en todas las costumbres la crueldad de las leyes civiles se ha unido a la crueldad de la naturaleza en contra de las mujeres. Han sido tratadas como seres imbéciles"; Rousseau, avanzado ideólogo de la revolución francesa estampó: "Toda la educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres... La mujer esta hecha para ceder al hombre y soportar sus injusticias". Esta posición burguesa se proyecta hasta la época del imperialismo reaccionarizandose cada vez más; la que unida a posiciones cristianas y reiterando viejas tesis sentencia a través de Juan XXIII: "Dios y la naturaleza dieron a la mujer diversas labores que perfeccionan y complementan la obra encargada a los hombres".


Así vemos como a través del tiempo las clases explotadoras han predicado la "naturaleza femenina deficitaria". Sustentándose en concepciones idealistas han reiterado la existencia de una "naturaleza femenina" independiente de las condiciones sociales, ésta no es sino parte de la tesis anticientífica de la "naturaleza humana"; pero a esta llamada "naturaleza femenina", esencia eterna e invariable, se le añade el adjetivo "deficitaria" para indicar que la condición de la mujer y su opresión y tutelaje es producto de su "natural inferioridad frente al hombre". Con esta pseudo teoría se ha intentado mantener y "justificar" el sometimiento de la mujer.


Finalmente, es conveniente señalar que incluso un notable pensador materialista como Demócrito tenía prejuicios frente a la mujer ("Mujer ducha en lógica: algo espantable"; "La mujer es mucho mas pronta que el varón para pensar mal"). Y que la defensa de la misma se basaba en argumentos metafísicos o religiosos (Eva quiere decir vida y Adán tierra; creada después del hombre, la mujer ha sido mejor terminada que él). Y que incluso la burguesía, cuando era clase revolucionaria, solo concibió a la mujer en referencia al hombre, no como un ser independiente.


2. El desarrollo del capitalismo y el movimiento femenino


El desarrollo del capitalismo va a incorporar a la mujer al trabajo dando bases, condiciones para que pueda desarrollarse; así con la incorporación al proceso productivo las mujeres tendrán la posibilidad de unirse más directamente a la lucha de clases y a la acción combatiente. El capitalismo llevó a las revoluciones burguesas y en esta fragua las masas femeninas, especialmente trabajadoras, avanzarán.


La revolución francesa, la más avanzada de las que la burguesía condujo, fue un buen caldo de cultivo para la acción femenina. Las mujeres se movilizaron junto a las masas y participando en los clubes políticos desarrollaron acción revolucionaria; en estas luchas organizaron una "Sociedad de Mujeres Republicanas y Revolucionarias" y a través de Olimpia de Gouges, en 1789 piden una "Declaración de Derechos de la mujer" y crean periódicos como "El impaciente" para reivindicar su condición. En el desarrollo del proceso revolucionario las mujeres conquistaron la supresión del derecho de primogenitura y abolición de los privilegios de masculinidad, obtuvieron igual derecho de sucesión que los varones y consiguieron el divorcio. Su participación combatiente dio algunos frutos.


Pero contenido el gran impulso revolucionario a las mujeres se les niega el acceso a los clubes políticos, se combate su politización y se las recrimina predicando su vuelta al hogar, se les dice: "¿Desde cuándo les está permitido a las mujeres abjurar de su sexo y hacerse hombres? La naturaleza ha dicho a la mujer: Sé mujer. Tus trabajos son el cuidado de la infancia, los detalles del hogar y las diversas inquietudes de la maternidad". Más aún, con la reorganización burguesa que inicia Napoleón, con el Código Civil, la mujer casada vuelve a ser sometida a tutela, cae bajo el dominio del marido en su persona y en sus bienes; se niega la indagación de la paternidad; se quita a la casada derechos civiles, como a las prostitutas; y se les prohibe el divorcio y el derecho de enajenar sus propiedades.


En la revolución francesa ya se puede ver con claridad cómo el avance de las mujeres y su retroceso están ligados a los avances y los retrocesos del pueblo y la revolución. Esta es una lección importante: La identidad de intereses del movimiento femenino y la lucha popular, como aquél es parte de ésta.


Asimismo esta revolución burguesa muestra cómo las ideas sobre la mujer siguen un proceso igual al político; frenado y combatido el ascenso revolucionario surgieron ideas reaccionarias sobre la mujer: Bonald sostuvo "El hombre es a la mujer lo que la mujer es al niño"; Comte, tenido como "padre de la sociología", planteó que la femineidad es una suerte de continua infancia y que esa infanticida biológica se expresa en debilidad intelectual; Balzac escribió: "El destino de la mujer y su única gloria es hacer latir el corazón de los hombres. La mujer es una propiedad que se adquiere por contrato, un bien mueble, porque la posesión vale un título ; en fin, hablando propiamente, la mujer no es más que un anexo del hombre". Todo este reaccionarismo se sintetizó en las siguientes palabras de Napoleón: "La naturaleza quiso que las mujeres fuesen nuestras esclavas... Son nuestra propiedad ...; la mujer no es más que una máquina para producir hijos"; personaje para quien la vida femenina debía orientarse por "Cocina, Iglesia, Hijos", lema al que Hitler se adhiriera en este siglo.


La revolución francesa enarboló sus tres principios de libertad, igualdad y fraternidad y prometió justicia y reivindicar al pueblo. Bien pronto mostró sus limites y que sus declaraciones principistas no eran sino declaraciones formales, a la vez que sus intereses de clase se contraponían a los de las masas; la miseria, el hambre y la injusticia siguieron reinando, aunque bajo nuevas formas. Contra este orden de cosas se lanzaron los utópicos con una crítica demoledora y sagaz aunque, por las condiciones históricas, no pudieran llegar a la raíz del mal. Los socialistas utópicos también condenaron la condición de la mujer bajo el capitalismo; Fourier, representante de esta posición señaló: "El cambio de una época histórica puede determinarse siempre por la actitud de progreso de la mujer... el grado de emancipación femenina constituye la pauta natural de la emancipación general".


Frente a esta gran afirmación es bueno contraponer el pensamiento del anarquista Proudhon sobre la mujer, y tener presente sus ideas hoy que se quiere presentar a los anarquistas como ejemplo de visión y consecuencia revolucionarias y se les propagandiza a los cuatro vientos. Sostenía Proudhon que la mujer es inferior al hombre por su fuerza física, intelectual y moralmente, y que en su conjunto representado numéricamente, la mujer tiene un valor de 8/27 del valor del hombre. Así para este paladín la mujer representa menos de un tercio del valor del hombre; esto no es sino expresión del pensamiento pequeño burgués de su autor, raíz común de todo anarquismo.


A lo largo del siglo XIX, con su creciente incorporación al proceso productivo, la mujer siguió desarrollando su lucha en pro de sus reivindicaciones uniéndose al movimiento sindical y revolucionario del proletariado, un ejemplo de esta participación fue Luisa Michel, combatiente de la Comuna de París de 1871. Pero el movimiento femenino en general fue orientado hacia el sufragismo, a la lucha por obtener el voto para las mujeres, tras la falsa idea de que consiguiendo votos y posiciones parlamentarias se reivindicarían sus derechos; así se canalizó la acción feminista hacia el cretinismo parlamentario. Sin embargo, es bueno recordar que el voto no fue alcanzado gratuitamente sino que en el siglo pasado y comienzos de este lucharon abierta y decididamente para conseguirlo. La lucha por el voto femenino y su consecución demuestran una vez más, que si bien ésta es una conquista no es el medio que permite una transformación verdadera de la condición de la mujer.


El siglo XX implica un mayor desarrollo de la acción económica femenina, las obreras aumentan masivamente, así como las empleadas a quienes se suman fuertes contingentes de profesionales; las mujeres incursionan en todos los campos de la actividad. En este proceso tienen gran importancia las guerras mundiales que incorporan millones de mujeres a la economía en sustitución de los hombres que son movilizados al frente. Todo esto impulsa la movilización, organización y politización de las mujeres; y a partir de los años 50 se reinicia con mayor fuerza la lucha femenina que se amplia en los años 60 con una gran perspectiva para el futuro.


En conclusión, el capitalismo mediante la incorporación económica de la mujer sienta bases para su movilización reivindicativa; pero el capitalismo sólo es capaz de dar una igualdad jurídica formal a las mujeres, en modo alguno puede emanciparlas; esto está demostrado por toda la historia de la burguesía, clase que incluso en su más avanzada revolución, la francesa del siglo XVIII, no pudo avanzar mas allá de una reivindicación formal. Más aún el desarrollo posterior a los procesos revolucionarios burgueses y el siglo XX demuestran que no solamente la burguesía no puede dar la emancipación a las masas femeninas sino que con el desarrollo del imperialismo la Concepción burguesa frente a la condición femenina se reaccionariza cada vez más y remacha la opresión social, económica, política e ideológica sobre las mujeres aunque la pinte y camufle de mil maneras.


3. El marxismo y la emancipación de la mujer


El marxismo, la concepción de la clase obrera, concibe al hombre como un conjunto de relaciones sociales históricamente variables que cambian en función del proceso social. Así, pues, el marxismo es absolutamente contrario a la tesis de la "naturaleza humana" como realidad eterna, inmutable al margen de las condiciones sociales, posición que es la del idealismo y de la reacción. La posición marxista implica también la superación del materialismo mecanicista (de los viejos materialistas anteriores a Marx y Engels) que incapaz de comprender el carácter histórico social del hombre como transformador de la realidad, recaía insensiblemente en concepciones metafísicas o espiritualistas, tal el caso de Feuerbach.


Así como el marxismo considera el hombre como una concreta realidad históricamente generada por la sociedad, tampoco acepta la tesis de la "naturaleza femenina", pues ésta no es sino complemento de la llamada "naturaleza humana" y, por tanto, reiteración de que la mujer es una naturaleza eterna e inmutable; con el agravante, como viéramos, de que el idealismo y la reacción entienden por "naturaleza femenina" una "naturaleza deficitaria e inferior" a la del hombre.


Para el marxismo, así como el hombre, la mujer no es sino un conjunto de relaciones sociales históricamente conformadas y cambiante en función de las variaciones de la sociedad en su proceso de desarrollo; la mujer es pues, un producto social y su transformación exige la transformación de la sociedad.


Cuando el marxismo enfoca el problema femenino lo hace, por tanto, desde una posición materialista y dialéctica, desde una concepción científica que si permite una cabal comprensión. En el estudio, investigación y comprensión de la mujer y su condición, el marxismo trata el problema femenino en relación con la propiedad, la familia y el Estado, ya que en el proceso histórico la condición de la mujer y su ubicación histórica esta íntimamente ligada a estas tres cuestiones.


Un extraordinario ejemplo de análisis concreto del problema femenino, desde estos puntos de vista, lo tenemos en el "Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado" de F. Engels, quien señalando la sustitución del derecho materno por el paterno, como inicio des sometimiento femenino, escribía:


"Así, pues, las riquezas, a medida que iban en aumento, daban, por una parte, al hombre una posición más importante que a la mujer en la familia y, por otra parte hacían que naciera en él la idea de valerse de esta ventaja para modificar en provecho de sus hijos el orden de herencia establecido... Aquella revolución -una de las más profundas que la humanidad ha conocido- no tuvo necesidad de tocar ni a uno solo de sus miembros vivos de la gens. Todos los miembros de ésta pudieron seguir siendo lo que hasta entonces habían sido. Bastó decir sencillamente que en lo venidero los descendientes de un miembro masculino permanecerían en la gens, pero los de un miembro femenino saldrían de ella, pasando a la gens de su padre. Así quedaron abolidos la filiación materna y el derecho hereditario materno, sustituyéndolos la filiación masculina y el derecho hereditario paterno. Nada sabemos de cómo se produjo esta revolución en los pueblos cultos, pues se remonta a los tiempos pre-históricos... El derrocamiento del derecho materno fue la GRAN DERROTA HISTÓRICA DEL SEXO FEMENINO EN TODO EL MUNDO. El hombre empuñó también las riendas de la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción".


Este párrafo de Engels sienta la tesis fundamental del marxismo sobre el problema femenino: la condición de la mujer se sustenta en las relaciones de propiedad, en la forma de propiedad que se ejerce sobre los medios de producción y en las relaciones productivas que sobre aquéllas se levantan. Esta tesis del marxismo es importantísima pues sienta que la opresión anexa a la condición femenina tiene como raíz la formación, surgimiento y desarrollo del derecho de propiedad sobre los medios de producción y que por tanto, su emancipación esta ligada a la destrucción de tal derecho. Es indispensable, pues para una comprensión marxista del problema femenino, partir de esta gran tesis y hoy más que nunca cuando supuestos revolucionarios y hasta autotitulados marxistas, pretenden hacer surgir la opresión femenina no de la formación y surgimiento de la propiedad sino de la simple división del trabajo en función de los sexos que habría atribuido a la mujer ocupación menos importante que al hombre reduciéndola al ámbito doméstico. Este planteamiento pese a toda la propagandización e intento de presentarlo como revolucionario, no es sino la sustitución de la posición marxista sobre la emancipación de la mujer por planteamientos burgueses que en esencia son nuevas formas de la supuesta "naturaleza femenina" inmutable.


Desarrollando este punto de partida materialista dialéctico, Engels enseña cómo sobre esa base se instituyó la familia monogámica de la cual dice: "Fue la primera forma de familia que no se basaba en condiciones naturales, sino económicas, y concretamente en el triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva, originada espontáneamente. Y:"Por tanto, la monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el hombre y la mujer, y menos aun como la forma más elevada de matrimonio. Por el contrario, entra en escena bajo la forma del esclavizamiento de un sexo por el otro, como la proclamación de un conflicto entre los sexos, desconocido hasta entonces en la pre-historia".


Luego de sentar que la propiedad privada sustenta la forma familiar monogámica, que sanciona la opresión de la mujer, Engels establece la correspondencia de las tres formas fundamentales de matrimonio con los tres grandes estadios de evolución humana: salvajismo y matrimonio por grupos; barbarie y matrimonio sindiasmico; civilización y monogamia "con sus complementos, el adulterio y la prostitución". Así, los clásicos del marxismo desarrollan las tesis sobre la condición social históricamente variable de la mujer y su ubicación en la sociedad; señalando como la condición femenina está íntimamente relacionada con la propiedad, la familia y con el Estado que es el aparato que organiza legalmente aquellas relaciones y las impone y sostiene por la fuerza.


Este planteamiento científico sistematizado por Engels es producto del análisis marxista de la condición de la mujer a través de la historia y el más elemental estudio comprueba plenamente la certeza y vigencia de estos planteamientos, que son el fundamento y punto de partida de la clase obrera para la comprensión del problema femenino. Hagamos un recuento histórico que nos sirva a ejemplificar lo sentado por Engels y los clásicos.


En la comunidad primitiva sobre una división natural del trabajo basada en la edad y el sexo, los hombres y las mujeres desenvolvían sus vidas en una espontánea igualdad y participación de la mujer en las decisiones del grupo social; más aún, las mujeres estaban rodeadas de respeto y consideración, trato deferente y hasta privilegiado. Iniciado el aumento de riquezas que resalta la posición del hombre en la familia e impulsándose la sustitución del derecho materno por el paterno comienza la posposición de la mujer y su resquebrajamiento cuyos ecos llegan hasta el mismo Esquilo, el gran trágico griego, quien en su obra "Las Euménides" escribiera: "No es la madre quien engendra eso que se llama su hijo; ella es sólo la nodriza del germen depositado en su entraña; quien engendra es el padre. La mujer recibe el germen como una depositaria extraña, y lo conserva si así place a los dioses".


Así en el esclavismo griego la condición femenina es de sometimiento e inferioridad social y objeto de menosprecio. De ellas se decía: "El esclavo carece absolutamente de la libertad de deliberar; la mujer tiene pero de manera débil e ineficaz" (Aristóteles); "La mejor mujer es aquella de la cual menos hablan los hombres" (Pericles); y la respuesta del marido a su mujer que indaga sobre los negocios públicos: "No es cosa tuya. Calla si no quieres que te pegue... Sigue tejiendo". (Aristofanes, Lysistrata). ¿Qué realidad expresaban estas palabras? Las mujeres en Grecia estaban en una perpetua minoría de edad: bajo el poder del tutor ya sea el padre, el marido, el heredero del marido o del Estado, su vida transcurrió bajo permanente tutela ; se le proveía una dote matrimonial para que tuviera de qué vivir y no padeciera hambre y en algunos casos se le autorizaba el divorcio; por lo demás estaba reducida al gineceo en la casa y en la sociedad bajo el control de autoridades especiales. La mujer podía heredar a falta de descendiente varón directo, en cuyo caso debía casarse con el pariente de mas edad dentro del genes paterno; así no heredaba directamente sino que era una transmisora de herencia; todo en resguardo de la propiedad familiar.


La condición de la mujer en Roma, también sociedad esclavista, permite una mejor comprensión de aquélla como derivada de la propiedad, de la familia y del Estado. Después del reinado de Tarquino y afirmado el derecho patriarcal, la propiedad privada y por tanto, la familia (gens) deviene base de la sociedad : la mujer quedará sujeta al patrimonio y a la familia; quedo excluida de todo "oficio viril", de la vida pública y es una "menor civil"; no se le niega directamente la herencia, pero se le somete a tutoría. Sobre este punto dijo Gayo, el jurista romano: "La tutela ha sido establecida en el interés de los mismos tutores, a fin de que la mujer de la cual son presuntos herederos no pueda arrebatarles su herencia por testamento, ni empobrecerla por medio de enajenaciones o deudas". La raíz patrimonial de la tutela que sobre la mujer se impone quedó pues claramente expuesta y definida.


Después de la XII Tablas, el hecho de que la mujer perteneciese a la gens paterna y la gens conyugal (también por estrictas razones de resguardo de la propiedad), generó conflictos que fueron la base del avance de la "emancipación legal" de la romana. Aparece el matrimonio "sine manu": sus bienes permanecen bajo la dependencia de sus tutores y el esposo sólo tiene derecho sobre su persona y aún comparte este poder con el "pater familias" que conserva una autoridad absoluta sobre su hija. Y surge un tribunal doméstico para resolver las discrepancias que puedan surgir entre padre y marido; así la mujer puede recurrir ante el padre por sus desavenencias con el marido y viceversa: "ya no es ella la cosa del individuo".


Sobre esta base económica (su participación en la herencia aunque tutoriada) y sobre la contienda entre los derechos de las gens paterna y marital sobre la mujer y sus bienes se desarrolla una mayor participación de las romanas en su sociedad, pese a todas las restricciones legales: se sienta en el "atrium", es el centro de la casa, preside el trabajo de los esclavos, dirige la educación de los niños y tiene influencia sobre ellos hasta edad bien avanzada; comparte trabajos y problemas del cónyuge y es considerada copropietaria de sus bienes. Concurre a fiestas y en la calle se le cede el paso, incluso por cónsules y lictores. El peso de las romanas en su sociedad se refleja en la figura de Cornelia, la madre de los Gracos.


Con el desarrollo social romano, el Estado desplaza la contienda entre las gens, asumiendo las disputas sobre la mujer, el divorcio, el adulterio, etc., que pasaron a ventilarse en tribunales públicos aboliendo el tribunal doméstico. Posteriormente se abolirá, como consecuencia de exigencias económicas y sociales, la tutela sobre la mujer, bajo la legislación imperial. A la mujer se le fija una dote propia (un patrimonio particular) que no vuelva a los agnados (parientes paternos) ni pertenece al marido; así, se le da una base económica para su independencia y desenvolvimiento. Al final de la República a la madre se le reconoció derechos sobre sus hijos dándosele la custodia de los mismos por mala conducta del padre o por ser sometido a tutela.


Bajo el emperador Marco Aurelio, en el año 178, se da gran paso en el proceso de propiedad y familia: los hijos son declarados herederos de la madre con preferencia a los agnados; así la familia se funda sobre el vínculo consanguíneo y la madre surge como la igual del padre frente a los hijos, los hijos se reconocen también como hijos de la mujer; y derivado de lo anterior, la hija hereda igual que sus hermanos varones.


Pero a la vez que el Estado "emancipa" a la mujer de la familia la somete a su tutela y restringe su acción. Y simultáneamente al ascenso social de la mujer, en Roma se inició una campaña antifemenina invocando su inferioridad y para reducirla legalmente se invocó la "imbecilidad y fragilidad del sexo".


En Roma, pues, la mujer tuvo una mejor condición social que en Grecia y adquirió respeto y hasta gran influencia en la vida social, como se refleja en las palabras de Caton: "En todas partes los hombres gobiernan a las mujeres, y nosotros, que gobernamos a todos los hombres, somos gobernados por nuestras mujeres". La historia romana tiene destacadas mujeres enaltecidas desde las Sabinas, pasando por Lucrecia y Virginia hasta Cornelia. Las críticas a las féminas, no en cuanto mujeres sino a las contemporáneas, se desarrolló a fines del siglo I y en el II de nuestra era; así Juvenal les reprochaba: lujuria, glotonería, dedicarse a ocupaciones de hombres y apasionarse por la caza y los deportes.


La sociedad romana reconoció algunos derechos a las mujeres, especialmente el derecho de propiedad, pero no les abrió la actividad civil ni mucho menos la pública, actividades que desarrollaron "ilegalmente" y en forma restringida ; por ello las matronas romanas ("perdidas sus virtudes antiguas") tendieron a buscar en otros campos el uso de sus energías.


En el hundimiento del esclavismo y el desarrollo de la feudalidad hay que tener en cuenta la influencia del cristianismo y el aporte germano al considerar la situación femenina. El cristianismo contribuyó no poco a la opresión de la mujer; en los padres de la Iglesia hay un definido menosprecio hacia las mujeres a quienes consideraban inferiores, siervas del hombre y fuentes del mal. A lo ya dicho basta añadir la condena de San Juan Crisóstomo, santo de la Iglesia Católica: "No hay ninguna bestia salvaje tan dañina como la mujer". Bajo esta influencia se mitiga y luego niega los avances de la legislación romana.


Las sociedades germanas basadas en la guerra dieron a la mujer situación secundaria por su menor fortaleza física y fuerza; pero, no obstante era respetada y tenía derechos que hacían de ella una asociada de su cónyuge. Recuérdese lo que Tácito escribió al respecto: "en la paz y en la guerra comparte su suerte; vive con él, y con él muere".


Cristianismo y germanismo influenciaron la condición de la mujer en la feudalidad. La mujer se hallaba en situación de dependencia absoluta respecto del padre y del marido; en tiempos del rey Clovis "el mundium pesa sobre ella durante toda su vida". Las mujeres desenvuelven su vida totalmente sometidas al señor feudal aunque protegidas por las leyes "como propiedad del hombre y madre de hijos"; su valor aumenta con la fecundidad valiendo el triple de un hombre libre, valor que pierde cuando ya no puede ser madre: la mujer es un útero reproductor.


En la feudalidad también se aprecia la evolución de la condición femenina, como en Roma, en función de la restricción de los derechos de los señores y del aumento del poder real: el mundium pasa de los señores al rey; el mundium se convierte en una carga para el tutor, pero se mantiene el sometimiento de la tutelada.


En los tiempos convulsos de la formación del feudalismo la condición de la mujer es incierta; no estando claramente deslindados los derechos de soberanía y propiedad, los públicos y privados, la condición de la mujer es cambiante y elevada o rebajada, según las contingencias sociales.


Primero se les niega los derechos privados, pues la mujer no tiene derechos públicos. Hasta el siglo XI la fuerza y las armas imponen el orden y sustentan directamente la propiedad: para los juristas feudo "es una tierra que se tiene con cargo de servicio militar" y la mujer no podía tener derecho feudal pues no podía defenderla por las armas ni prestar servicio militar. Cuando los feudos se tornan patrimonio y son hereditarios (de conformidad con normas germánicas las mujeres también pueden heredar), se admite la sucesión femenina; pero esto no mejora su condición: la mujer necesita un tutor que haga valer sus derechos, así el marido es quien lleva el feudo y lo usufructúa. La mujer es sólo el instrumento a través del cual se transmite el dominio, como en Grecia.


La propiedad feudal no es familiar como en Roma, es del soberano, del señor, y la mujer también pertenece al soberano, él es quien le escoge esposo. Como se ha escrito "una heredera es una tierra y un castillo: los pretendientes se disputan esa presa, y la joven a veces sólo tiene 12 años, o menos aún, cuando su padre o señor la da en regalo a cualquier barón". La mujer necesita de un señor que la "ampare" y haga valer sus derechos; así una Duquesa de Borgoña clamaba al rey: "Mi marido acaba de morir, pero ¿de qué sirve el duelo...? Encontradme un marido que sea poderoso, porque lo necesito mucho para defender mis tierras". De esta forma el cónyuge tenía gran poder marital sobre la mujer a la que trataba sin consideración, maltrataba, abofeteaba, etc. y del cual sólo se requería que "castigue razonablemente", como hoy algunos códigos exigen en la corrección de los hijos.


La concepción guerrerista imperante hacía que el caballero medieval prestara más atención a sus caballos que a su cónyuge y los señores predicaban: "maldito sea el caballero que va a pedir consejo a una dama cuando debe participar en un torneo"; a la vez que se apostrofaba a las mujeres: "Entrad en vuestros apartamentos pintadas y doradas, sentaos en la sombra, bebed, comed, bordad, teñid la seda, pero no os ocupéis de nuestros asuntos. Nuestros asuntos consisten en luchar con la espada y el acero. ¡Silencio!". Así menospreciaba y marginaba el mundo medieval de los señores a sus féminas.


En el siglo XIII se desarrolló un movimiento de mujeres letradas, el que desplazándose del Mediodía al Norte las prestigió; el mismo que estuvo ligado al amor caballeresco y al marianismo intenso de esa época. Pero "si la cortesía dulcifica la suerte de la mujer, no la modifica profundamente", como dice S. de Beauvoir en "El segundo sexo" libro donde se encuentra abundante información sobre la historia de la mujer; datos que son útiles, claro está, al margen de la concepción existencialista de su autora. Ya que no son las ideas las que cambian la condición femenina en lo fundamental, sino las bases económicas que les sirven de sustento. Cuando el feudo pasa de ser derecho basado en el servicio militar a tornarse obligación económica, se da una reivindicación de la condición de la mujer, pues ésta es perfectamente hábil para cumplir una obligación monetaria; así se suprime el derecho señorial de casar a sus vasallos y se extingue la tutela sobre la mujer.


De esta forma, soltera o viuda, la mujer tiene los derechos del hombre; si posee un feudo lo gobierna y cumple sus funciones administrativas y hasta comanda su defensa participando en los combates. Pero la sociedad feudal, como todas las basadas en la explotación, requiere del sometimiento femenino en el matrimonio y sobrevive el poder marital: "el esposo es el tutor de la esposa", se predica; o como decía Beaumanoir: "Tan pronto como el matrimonio ha sido consumado, los bienes de uno y otro son comunes por virtud del matrimonio", justificando el tutelaje marital.


En la sociedad feudal, como en otras al mando de explotadores, esclavismo, o capitalismo lo dicho sobre la condición de la mujer ha regido y rige; pero es necesario destacar que sólo en la condición de las mujeres pobres se nota una situación diferente y suavizada frente al poder marital; la raíz de esta situación hay que verla en la participación económica de las mujeres de las clases populares y en la carencia de grandes bienes.


El desarrollo del capitalismo lleva a la descomposición de la feudalidad, situación que imprime sus huellas en la condición de la mujer, como ya señaláramos. Sólo cabe destacar que en el inicio y desenvolvimiento de los burgos, la mujer tomaba parte en las elecciones de diputados para los Estados Generales; lo que nos muestra la participación política femenina, así como la existencia de derechos sobre los bienes familiares, pues el marido no podía enajenar los inmuebles sin consentimiento de la mujer. Sin embargo, la legislación absolutista bien pronto va a frenar estas normas para combatir la difusión del mal ejemplo burgués.


Esta exposición histórica ejemplifica la tesis de Engels y los clásicos sobre la raíz social de la condición de la mujer y sus relaciones con la propiedad, la familia y el Estado, sirve a comprender su certeza y ayuda a ver con mayor nitidez su vigencia. Todo esto nos lleva a una conclusión, la necesidad de adherir firmemente a las posiciones de la clase obrera y aplicarlas para comprender la problemática femenina y participar en su solución y a rechazar, perentoria y constantemente, las tergiversaciones de las tesis marxistas sobre esta cuestión en concreto y a combatir los supuestos desarrollos superados que no son sino intentos de sustituir la concepción proletaria por la burguesa, en este frente, para desorientar el movimiento femenino en marcha.


Expuesta la condición social de la mujer y el esbozo histórico de su desarrollo ligado a la propiedad, la familia y el Estado, resta tratar el problema de la EMANCIPACION DE LA MUJER desde la posición del marxismo.


El marxismo sostiene fundadamente que el desarrollo del maquinismo incorpora a la mujer, así como a los niños al proceso productivo, con lo cual multiplica los brazos a explotar, destruyendo la familia obrera, degenerando físicamente a la mujer y hundiéndola material y moralmente en las miserias de la explotación.


Carlos Marx analizando el trabajo femenino e infantil escribió: "La maquinaria; al hacer inútil la fuerza del músculo, permite emplear obreros sin fuerza muscular o sin un desarrollo físico completo, que posean, en cambio, una gran flexibilidad en sus miembros. El trabajo de la mujer y el niño fue, por tanto, el primer grito de la aplicación capitalista de la maquinaria. De este modo aquel instrumento gigantesco creado para eliminar trabajo y obreros, se convertía inmediatamente en medio de multiplicación del numero de asalariados, colocando a todos los individuos de la familia obrera, sin distinción de edad ni sexo, bajo la dependencia inmediata del capital. Los trabajos forzados al servicio del capitalista vinieron a invadir y usurpar no sólo el lugar reservado a los juegos infantiles, sino también el puesto de trabajo libre dentro de la esfera doméstica y, a romper con las barreras morales, invadiendo la órbita reservada incluso al mismo hogar.


"El valor de la fuerza de trabajo no se determina ya por el tiempo de trabajo necesario para el sustento del obrero adulto individual, sino por el tiempo de trabajo indispensable para el mantenimiento de la familia obrera. La maquinaria, al lanzar al mercado de trabajo a todos los individuos de la familia obrera, distribuyó entre toda su familia el valor de la fuerza de trabajo de su jefe. Lo que hace por tanto, es despreciar la fuerza de trabajo del individuo.... Como se ve, la maquinaria amplía desde el primer momento, no sólo el material humano de explotación, la verdadera cantera del capital, sino también su grado de explotación.


" Al abrir las puertas de las fábricas a las mujeres y a los niños, haciendo que éstos fluyan en gran número a las filas del personal obrero combinado, la maquinaria rompe por fin la resistencia que el obrero varón oponía aún, dentro de la manufactura, al despotismo del capital". (El Capital, Tomo I Págs. 323 y siguientes. Fondo de Cultura Económica, año 1966. Las palabras en negrita están en cursiva en el original).


Prosiguiendo en su magistral análisis el mismo Marx nos describe cómo el capitalismo utiliza en su beneficio hasta las virtudes femeninas y sus obligaciones: " Mr. E. fabricante, me informó que en sus telares mecánicos empleaba exclusivamente mujeres, dando preferencia a las casadas, y sobre todo a las que tenían en casa una familia que vivía o dependía de su salario, pues éstas eran mucho mas activas y celosas que las mujeres solteras; además, la necesidad de procurar a su familia el sustento las obligaba a trabajar con mayor ahínco. De este modo, las virtudes características de la mujer revierten en perjuicio suyo: toda la pureza y dulzura de su carácter se convierte en instrumento de tortura y esclavitud (Nota 57 del tomo referido de El Capital; Pag. 331, edición citada).


Pero así como el capitalismo con la incorporación de la mujer a la producción amplia su explotación, simultáneamente con este proceso se da una base material real para que la mujer luche por reivindicar derechos y es un punto de partida para que combata por su emancipación ; pues como enseñaba Engels en " El origen ..."; "La manumisión de la mujer exige, como condición primera, la reincorporación de todo el sexo femenino a la industria social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad" (el subrayado es nuestro). Y evidentemente, el capitalismo, con sus propios intereses futuros, sienta bases para la futura emancipación de la mujer, así como al desarrollarse crea, también, la clase que ha de destruirlo, el proletariado.


Por otro lado la participación económica y el desarrollo de la lucha de clases impulsan la POLITIZACIÓN DE LA MUJER. Ya destacamos cómo la revolución francesa impulsó el desarrollo político y organizativo de las mujeres y cómo uniéndolas, movilizándolas y haciéndolas combatir sentó bases para el movimiento femenino; vimos también cómo las reivindicaciones femeninas fueron alcanzadas a través des ascenso revolucionario, y cómo fueron conculcados sus derechos y barridas sus conquistas cuando se frenó y reaccionarizó el proceso. Sin embargo, con todo lo positivo que tuvo la incorporación femenina a la revolución francesa, la politización de la mujer resultante no es sino elemental, restringida y pequeñísima comparada con el grandioso avance que implica la politización de las mujeres por la clase obrera, ¿Qué implica ésta politización? Al incorporar el capitalismo masivamente a las mujeres al proceso económico las arranca de las cuatro paredes domésticas, para atraerlas en su inmensa mayoría, a la explotación fabril convirtiéndolas en obreras; así las mujeres se forjan y desarrollan como parte constituyente de la clase más avanzada y última de la historia; la mujer inicia su radical proceso de politización a través de su incorporación a la lucha sindical (el gran cambio que esto implica lo vemos en concreto en nuestra patria en la transformación que se opera en las obreras, campesinas y maestras del Perú, en medio de la lucha sindical); la mujer adviene a formas mas desarrolladas de organización, va siendo ganada y formada ideológicamente por la concepción del proletariado y, finalmente, arriba a las formas superiores de la lucha y organización políticas incorporándose, a través de sus mejores exponentes, a las filas del partido de la clase obrera, para servir al pueblo en todas las formas y frentes de lucha que organiza y dirige la clase obrera mediante su vanguardia política. Este proceso de politización que sólo es capaz de producir el proletariado y el nuevo tipo de mujeres combatientes que genera se ha concretizado en múltiples y gloriosas luchadoras cuyos nombres registra la historia: Luisa Michel, N. Krupskaya, Rosa Luxemburgo, Liu Ju-lan y otras cuya memoria guardan el pueblo y el proletariado.


Para el marxismo ayer como hoy la politización de la mujer es el problema clave de su emancipación, y a ella los clásicos le prestaron especial atención. Marx enseñaba: " Cualquiera que conozca algo de historia sabe que los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino. El progreso social puede medirse exactamente por la posición social del sexo débil". (Carta a Kugelmann, 1856). Y para Lenin la participación de la mujer es mucho mas urgente e importante para la revolución: "La experiencia de todos los movimientos liberadores confirma que el éxito de la revolución depende del grado en que participen las mujeres"(Subraya nuestra).


Así, el desarrollo de la lucha de clases y su agudización, cada día mayor, a la vez que las condiciones sociales concretas de la lucha revolucionaria, bajo las condiciones del imperialismo, plantean y exigen más perentoriamente la politización de la mujer; por eso el mismo Lenin, en plena Primera Guerra Mundial y previendo futuras batallas de la clase obrera en función de las cuales hay que prepararse, llamaba a combatir por: "17. Abolición de todas las limitaciones sin excepción de los derechos políticos de la mujer en comparación con los derechos del hombre. Explicación a las masas de la especial urgencia de esta transformación en unos momentos en que la guerra y la carestía inquietan a las amplias masas populares y suscitan en la mujer de manera particular el interés y la atención hacia la política". Y planteaba: "...es necesario que desarrollemos plenamente una labor sistemática entre estas masas femeninas. Debemos educar a las mujeres que hayamos conseguido sacar de la pasividad, debemos reclutarlas y armarlas para la lucha, no sólo a las proletarias que trabajan en las fábricas o se afanan en el hogar, sino también las campesinas, a las mujeres de las distintas capas de la pequeña burguesía. Ellas también son víctimas del capitalismo". Con estas palabras exigía Lenin la politización de la mujer, la lucha por la reivindicación de los derechos políticos, la necesidad de explicar a las masas la urgencia de la incorporación política de la mujer, la necesidad de trabajar con ellas, educándolas, organizándolas y preparándolas para todas las formas de lucha; finalmente destacaba el orientarse hacia las obreras pero sin olvidar la importancia de las campesinas y recordar a las distintas clases o capas de mujeres que soportan explotación, pues todas ellas pueden y deben ser movilizadas para la lucha popular.


De lo expuesto se ve, que la politización de la mujer ha sido planteada por el marxismo desde sus inicios, concibiendo la lucha femenina como solidaria con la lucha de la clase obrera; de ahí que Bebel en el siglo pasado dijera que "la mujer y el trabajador tienen en común su condición de oprimidos", y que en el Congreso Socialista de 1879 proclamara la igualdad de los sexos y la necesidad de luchar por ella, reiterando la solidaridad del movimiento femenino revolucionario y la lucha de la clase obrera. O como hoy proclama China con mayor precisión, siguiendo la tesis de Mao Tsetung: " La emancipación de las mujeres forma parte de la liberación del proletariado". (Pekín Informa, N° 10-1972).

Esto nos lleva a plantearnos : ¿COMO CONSEGUIR LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER?


Investigando la sociedad capitalista y donde impera la explotación y opresión en general, Engels comprobaba que existen la miseria, la desigualdad, el sometimiento entre los hombres y resaltando el problema femenino puntualizaba: "No es mejor el estado de cosas en cuanto a la igualdad del hombre y de la mujer... Su desigualdad legal, que hemos heredado de condiciones sociales anteriores, no es causa sino efecto, de la opresión económica de la mujer". Y prosiguiendo: "La mujer no podrá ser emancipada si no toma parte en gran medida social en la producción y solo vuelve a ser reclamada en medida insignificante por el trabajo doméstico. Y esto no ha sido posible sino en la gran industria moderna, que no sólo admite en gran escala el trabajo de la mujer, sino que lo exige fatalmente".


Esta afirmación de Engels, sacada de contexto y sin relacionarla con otras del mismo "Origen de la familia..." sirve a algunos, seudomarxistas y tergiversadores, para violentando las ideas de aquél sostener que basta la incorporación de la mujer al proceso económico para que se produzca su emancipación. Engels plantea que la incorporación de la mujer al proceso productivo es condición, esto es base sobre la cual la mujer actúa en pro de su emancipación, y que ésta exige acabar socialmente con el trabajo doméstico que absorbe y anquilosa a las mujeres. Lo que para Engels implica destruir la propiedad privada sobre los medios de producción y desarrollar la gran producción basada sobre la propiedad social de los medios productivos. Es bueno estar muy claros en cuanto a la tesis de Engels, repetimos, pues hoy se pretende buscar amparo en este clásico para distorsionar la posición marxista sobre el problema femenino y pregonar, en beneficio de las clases explotadoras, la simple y llana participación de la mujer en el proceso económico ocultando la raíz de la opresión femenina que es la propiedad privada y soslayar la gran producción social basada en la destrucción de la propiedad privada.


Previendo esta tergiversación, como en otros casos, los clásicos analizan el problema de si la incorporación de la mujer al proceso productivo, que el capitalismo iniciara, es capaz de hacer iguales realmente a hombres y mujeres. La respuesta concisa y contundente nos la dio una vez mas Mao Tsetung en la década del 50: "LA VERDADERA IGUALDAD ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER SOLO PUEDE ALCANZARSE EN EL PROCESO DE LA TRANSFORMACIÓN SOCIALISTA DE LA SOCIEDAD EN SU CONJUNTO".


Lenin investigó la situación de la mujer bajo la democracia burguesa y la comparó con la que tenía bajo la dictadura del proletariado; análisis que lo llevó a establecer: "Desde tiempos lejanos, los representantes de todos los movimientos liberadores en Europa occidental, no durante decenios, sino durante siglos, propugnaron la abolición de estas leyes anticuadas y reivindicaron la igualdad jurídica de la mujer y del hombre, pero ningún Estado democrático europeo, ni siquiera las repúblicas mas avanzadas, han conseguido realizar esto, porque donde existe el capitalismo, donde se mantiene la propiedad privada de las fábricas, donde se mantiene el poder del capital, los hombres siguen gozando de privilegios.


" Desde los primeros meses de su existencia, el Poder Soviético, como poder de los trabajadores, realizó el cambio radical más decidido en la legislación referente a la mujer. En la República Soviética no ha quedado piedra sobre piedra de todas las leyes que colocaban a la mujer en una situación de dependencia. Me refiero precisamente a las leyes que utilizaban de modo especial la situación desventajosa de la mujer, haciéndola víctima de la desigualdad de derechos y a menudo hasta de humillaciones, es decir a las leyes sobre el divorcio, sobre los hijos naturales y sobre el derecho de la mujer a demandar judicialmente del padre alimentos para el sostenimiento del hijo", (Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética).


De este análisis comparativo se extrae la conclusión de que solamente la revolución que lleva al poder a la clase obrera en alianza con el campesinado es capaz de sancionar la verdadera igualdad jurídica entre hombres y mujeres y más aún hacerla cumplir. Sin embargo, como el mismo Lenin enseñaba, esta real igualdad jurídica que inicia la revolución no es sino el comienzo de una larga lucha por la plena y completa igualdad ante la vida entre hombres y mujeres: "Pero cuanto más nos deshacemos del fárrago de viejas leyes e instituciones burguesas, tanto más claro vamos viendo que sólo se ha descombrado el terreno para la construcción, pero no se ha comenzado la construcción misma".


"La mujer continúa siendo esclava del hogar, a pesar de todas las leyes liberadoras, porque está agobiada, oprimida, embrutecida, humillada por los pequeños quehaceres domésticos, que la convierten en cocinera y en niñera, que malgastan su actividad en un trabajo absurdamente improductivo, mezquino, enervante, embrutecedor y fastidioso. La palabra emancipación de la mujer no comenzará sino en el país y en el momento en que empiece la lucha en masa (dirigida por el proletariado dueño del Poder del Estado) contra esta pequeña economía doméstica, o más exactamente, cuando empiece su transformación en masa en una gran economía socialista". (Una Gran Iniciativa; lo subrayado en cursiva en el original).


Así Lenin y Mao Tsetung respondieron anticipadamente a las tergiversaciones oportunistas y seudodesarrollos del marxismo que hoy pretenden torcer las tesis de Engels y confundir la posición de la clase obrera sobre la cuestión femenina.


El marxismo concibe la lucha por la emancipación de la mujer como una lucha larga aunque victoriosa : " Esta es una lucha prolongada, que requiere una radical transformación de la técnica social y de las costumbres. Pero ésta lucha terminará con la plena victoria del comunismo". (Lenin, con motivo del Día Internacional de la Obrera).


Lo anterior, en esencia, muestra la identidad de lucha que hay entre el movimiento femenino revolucionario y la lucha de la clase obrera por la construcción de una nueva sociedad; y, además, sirve para comprender el sentido de las palabras que Lenin estampara, llamando a las obreras a desarrollar las instituciones y medios que la revolución ponía a su alcance: "Decimos que la emancipación de los obreros debe ser obra de los obreros mismos y de igual modo LA EMANCIPACIÓN DE LAS OBRERAS DEBE SER OBRA DE LAS OBRERAS MISMAS" (Las tareas...).


Estas son las tesis centrales del marxismo sobre el problema de la emancipación, la politización y la condición de la mujer; posiciones que preferimos transcribir en su mayor parte, mediante citas de los clásicos, por cuanto estos planteamientos no son suficientemente conocidos y porque además fueron magistral y concisamente expresados por sus propios autores los que nos releva de la tarea de pretender darles una nueva redacción máxime si tenemos en cuenta su plena y completa vigencia. Por otro lado, las tergiversaciones que hoy se intenta de las posiciones marxistas referentes a la cuestión femenina exige, también, el difundir las propias palabras de los clásicos.


Finalmente, es indispensable, aunque sólo sea de paso, hacer notar que Marx, Engels, Lenin y Mao Tsetung plantean la tesis de la emancipación de la mujer y no de la liberación femenina como se puede apreciar de las citas transcritas. Sobre el particular, baste decir que el análisis de la condición de la mujer a través de la historia nos presenta a ésta como sujeta a tutela y en una situación de sometimiento con respecto al varón. lo que hace de la mujer un ser que, perteneciendo a la misma clase del cónyuge o del hombre a la que está relacionada, se encuentra en una situación de inferioridad ante aquél, rebajamiento que las leyes consagran e imponen; concordante con esta situación de minusvalía, a lo largo de la historia vemos cómo ha debido reivindicar sus derechos para lograr una igualdad formal con el hombre bajo el dominio capitalista, y como sólo la lucha revolucionaria triunfante bajo dirección del proletariado es capaz de sentar y hacer cumplir una real igualdad jurídica de hombres y mujeres, aunque, como viéramos, la igualdad plena ante la vida, como dijera Lenin, se desarrollará a medida que se desenvuelve la gran producción socialista. Estas simples observaciones muestran la certeza de la tesis de la emancipación de la mujer la que se concibe como parte de la liberación del proletariado. En tanto que la tesis de la liberación femenina históricamente aparece como una tesis burguesa en cuyo fondo se oculta la contraposición de hombres y mujeres por el sexo y se camufla la raíz de la opresión de la mujer; hoy vemos como se desenmascara cada vez más la liberación femenina como feminismo burgués, que apunta a la división del movimiento popular apartando del mismo a las masas femeninas y que busca principalmente oponerse al desarrollo del movimiento femenino bajo la guía y conducción de la clase obrera.


CATALINA ADRIANZEN

martes, 18 de marzo de 2008

[Libro] Movimiento de mujeres. Mujeres en movimiento


Movimiento de mujeres. Mujeres en movimiento
Begoña Zabala González
304 Pgn, 17.00€
Ed.Txalaparta



En esta obra Begoña Zabala atraviesa con su mirada treinta años de movimiento feminista organizado en Euskal Herria. El resultado es un relato, personal y colectivo, de la historia de las reivindicaciones de las mujeres y de sus logros.

Para ello, la autora elige una docena de consignas, tantas veces coreados en las manifestaciones o impresos en la propaganda, para afrontar otros tantos temas importantes de la lucha feminista: Abortatzeko eskubidea, Ninguna violación sin denuncia, ninguna agresión sin respuesta, Oli, oli, ola, feminismo triunfará, La plancha y la fregona para todas las personas... Se presentan así debates y argumentaciones sobre los temas que atraviesan la opresión patriarcal: trabajo, maternidad, guerra, violencia, prostitución, y, de forma especial, movimiento feminista.

La autora: Begoña Zabala González nació en Santiago de Chile en 1950. Licenciada en Derecho, ejerció en Bizkaia en los años de la Dictadura de abogada laboralista y de Orden Público. Activista feminista desde la fundación de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia en el año 1976, en la actualidad sigue organizada en el movimiento feminista, en el grupo Emakume Internazionalistak, en Iruñea.
Ha publicado varios artículos sobre la situación de las mujeres y las reivindicaciones y luchas feministas, especialmente en temas de inmigración y violencia sexista.

sábado, 15 de marzo de 2008

El convulso 8 de Marzo deja paso al feminismo combativo


Tras el convulso 8 de Marzo vivido en varias ciudades del Estado Español, el feminismo de base continua la lucha anti patriarcal. Mientras que un grupo de mujeres boicoteaba el curso "Mujer10" en Granada, ayer en Bizkaia, se presentaban más de 400 solicitudes de apostasía.

El pasado 8 de Marzo, debido a las prohibiciones de varias de las marchas convocadas tradicionalmente para ese día, ha suscitado el posicionamiento claro y contundente de organizaciones y colectivos feministas de base y autónomos que han denunciado las estrategias que el feminismo burgués ha querido llevar a cabo para vaciar de contenido combativo la lucha antipatriarcal.

El pasado Sábado, en Madrid o Iruñea, entre otras ciudades, miles de mujeres y hombres salieron a la calle para conmemorar el día internacional de la Mujer trabajadora, desafiando las prohibiciones de sus respectivas delegaciones del gobierno y pasando por encima de las organizaciones feministas que pretendían que este año, el 8 de Marzo, beneficiara a sus propios agentes políticos.

¡Todos los días son 8 de Marzo!

Pero este rebrote de un feminismo de base y autónomo no acabó el pasado Sábado. El pasado Miércoles 11, un grupo de activistas feministas hizo aparición en el curso "Casa10": Aprende a ser la Mujer10, convocado por la organización ultra conservadora Opus Dei en la ciudad de Granada. El curso consistía en varias clases de tareas del hogar como planchado, cocina o lavandería. Tal y como cuentan en la presentación, "se trata de un curso valido para todas aquellas mujeres que aspiran a ser una Mujer10 en el hogar, con su esposo y con su familia".

El grupo de mujeres interrumpió una de las clases que se impartían, con carteles en los que se decía: "Yo también soy una mujer 10". ¡Nosotras también queríamos aprender a ser esclavas!". La seguridad del centro donde se celebraban las clases, impidió la entrada a las activistas, que permanecieron a las puertas coreando consignas como "Estamos hasta el coño de hacerlo por cojones". Finalmente y tras la lectura de diversos comunicados, dieron por finalizado el acto de protesta.

También, ayer Jueves, la Asamblea de Mujeres de Bizkaia junto al colectivo Sare Antifaxista, presentaron más de 400 solicitudes de apostasía, que entregaran hoy ante el Obispado de la ciudad.

La Asamblea de Mujeres denuncio el carácter machista, patriarcal, homófoba, clasista y antidemocrática de la iglesia católica, así como puso de manifiesto las trabas que la administración eclesiástica pone a los-as apostatas para que finalmente sean eliminados de los listados oficiales. Finalmente, manifestó su deseo de llevar a cabo los trámites necesarios "para darnos de baja definitivamente de los ficheros de la Iglesia católica".


Convulso 8 de Marzo: Las delegaciones de Las Palmas y Sevilla se suman a la prohibición de Madrid http://www.lahaine.org/index.php?blog=2&p=28437


8 de marzo en Madrid: Construyendo un espacio propio de las mujeres http://www.lahaine.org/index.php?blog=2&p=28628

miércoles, 12 de marzo de 2008

¡Mujeres del mundo, uníos!


Seremos las primeras en atrevernos a dar la cara por nosotras, por nuestros hijos, por nuestro pueblo, seremos las primeras en pretender un mundo con menos conflicto


Día de la mujer trabajadora, imagino que nos estamos refiriendo a todas las mujeres asalariadas o explotadas, con contrato y sin contrato laboral, autóctonas e inmigrantes, amas de casa, empleadas de hogar, administrativas, funcionarias, prostitutas, obreras, en fin, mujeres que trabajamos mucho más que una jornada completa de ocho horas, con un sueldo por debajo del mínimo que estipula la ley, y algunas sin sueldo alguno. Mujeres que comenzamos la mañana desde horas muy tempranas corriendo de un sitio a otro para llegar a tiempo y poder cumplir todos nuestros compromisos de mujeres madres y trabajadoras, y terminamos la jornada muy entrada la noche, dando gracias porque hemos hecho casi todo lo que nos habíamos propuesto, porque ya los niños están dormidos, porque pudimos estirar el sueldo para la comida, gracias por tener una cama y una manta, por tener salud y trabajo; en fin gracias incluso por ser supervivientes en un mundo injusto y caótico gobernado por políticos que juegan a damas chinas en un tablero que se tambalea.


Mujeres y madres preocupadas por el futuro que nos espera, pero sobre todo por el futuro que les espera a nuestros hijos, viviendo una guerra que no es nuestra, en la que nos han metido y mentido, y en la que nos manipulan con reglas injustas, sin ningún tipo de estrategia política, sin ningún tipo de honestidad y democracia.


Mujeres que saben mucho de sufrimientos y sacrificios, de esfuerzos y logros, de fracasos y triunfos, de engaños y desengaños, de volver a creer y levantarse fuertes.


Mujeres que se abren sitio en un mundo de hombres, de torpes políticos y falsas democracias, en un mundo de políticas sociales absurdas y ridículas.


Y, a pesar de ello, sigo confiando en las mujeres, porque sé que, además de inteligencia, tienen sensibilidad y fuerza, tienen ganas de un mundo justo para sus hijos, tienen muchas herramientas físicas y psicológicas para no darse por vencidas, para seguir luchando por sus derechos, tienen intuición y mucho más sentido común que muchos de nuestros políticos, que muchos de los que supuestamente nos representan en un gobierno tan lleno de irregularidades y de injusticias.


Sé que seremos las mujeres las primeras en atrevernos a dar la cara por nosotras, por nuestros hijos, por nuestro pueblo, por nuestros derechos, seremos las primeras en protestar y pretender un mundo con menos conflicto social y político.


Seremos capaces más temprano que tarde de mirarnos a la cara, de encontrarnos y de hablar juntas de los problemas que nos afectan a todas por igual y, lo mejor de todo, seremos capaces de no quedar sólo en la palabra y en la intención, en el discurso bonito de los políticos, sino que pasaremos a la acción cada una desde donde nos movemos profesional y laboralmente.


Y entonces sí que demostraremos al mundo que no hay un día de la mujer trabajadora, sino toda una vida y una historia de mujeres reivindicativas que saben luchar y amar con la misma intensidad.


Victoria Mendoza Psicoterapeuta

Diario Gara

lunes, 10 de marzo de 2008

8 de marzo. Romper con la tradición de opresión


Gustavo Beramendi


Cuando llega el 8 de marzo, y en especial el de este año víspera electoral, muchas organizaciones políticas y sindicales de este país se limitan a salir en paseíllo por las calles, a darnos datos sobre lo que han avanzado las mujeres obreras respecto a la situación que vivían no hace tantos años y a decirnos que todavía queda mucho camino por andar.


Cosa cierta, pero que no es otra cosa que quedarse en la superficie de las relaciones sociales y no ahondar en los problemas que hacen que tengamos que seguir hablando de la conquista de la igualdad por parte de las mujeres.

Los derechos de las mujeres y su lucha por avanzar hacia otro modelo social están recibiendo los ataques y la reacción de la derecha más conservadora, para poner freno a las nuevas relaciones de convivencia básicas. La iglesia se ha convertido en el ariete de estos ataques, saliendo en defensa de la familia “tradicional”. Este modelo familiar tradicional ataca principalmente a la mujer en su independencia económica y en su posibilidad de desarrollarse como persona.

Si observamos la evolución social de los últimos tiempos, vemos como las relaciones de producción apenas han cambio. La esencia de este sistema sigue siendo la explotación. Las relaciones sociales que de él se desprenden y la forma de pensar que descansa sobre estas relaciones económicas no han cambiado. En este contexto, aunque las mujeres, en cierta medida, han conquistado puestos de trabajo a los que hasta hace relativamente poco tiempo no podían acceder, ha sido a costa de perder su potencial revolucionario y de proponer nuevas relaciones sociales y de producción.

Los fundamentalistas cristianos definen el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, dicen que dejar que los gays se casen destruye la “santidad” del matrimonio y que la institución del matrimonio ha existido en la sociedad humana desde miles de años. A lo largo de la historia, la familia ha sido un reflejo de las relaciones económicas y sociales del momento. Por eso, las relaciones sexuales, el matrimonio y la familia, la reproducción y la crianza de los niños han variado a lo largo de cientos de miles de años.

En las sociedades primitivas se practicaban “matrimonios de grupo” (cohabitación de grupos de hombres y mujeres). Se practicaban poligamia (un hombre tenía varias esposas) y poliandria (una mujer tenía varios esposos). En algunas culturas se permitía el matrimonio de parientes, y en otras estaba estrictamente prohibido. Ha existido una amplia variedad de prácticas homosexuales. Han existido diferentes formas de monogamia. Han existido sociedades en que los hijos pertenecen a la familia de la mujer. Y durante miles de años de sociedad de clases ha dominado el patriarcado, en que los hombres controlan la familia y las principales instituciones de la sociedad. Como podemos comprobar, el matrimonio no es una institución eterna, ni inmutable ni sagrada.

En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Federico Engels profundizó en el análisis de la familia y el matrimonio. Engels postula que el aspecto fundamental de la vida y la sociedad de los seres humanos es la producción y la reproducción de la vida. Esto es, la producción de los medios para satisfacer las necesidades básicas (comida, ropa, techo y las herramientas necesarias para su producción) y la reproducción de los seres humanos (la procreación y la crianza de los niños). Cada generación hereda las fuerzas productivas que han evolucionado hasta ese momento. Si observamos cualquier punto de la historia humana, veremos cierto desarrollo de la tecnología y las herramientas, las materias primas y el conocimiento científico. Veremos además que, en términos generales, a distintos niveles de las fuerzas productivas corresponden ciertas relaciones de producción. Asimismo veremos que sobre las relaciones básicas de producción de la sociedad surge una superestructura (política, educación, cultura, ideas, tradición, etc.) que refuerza dichas relaciones de producción. La familia ocupa un papel muy importante en esa superestructura. Es la encargada de transmitir las tradiciones, las ideas, la moral, las normas sociales e inclusive el concepto mismo de la familia.

En los últimos siglos la familia y el matrimonio han cambiado. Ha habido cambios en las leyes, en el pensamiento y en el comportamiento al respecto. Lo que hoy es una tradición aceptada, justificada e impuesta, mañana puede ser prohibido por la ley y rechazado por la sociedad, según cambien las relaciones económicas y sociales, y la correspondiente cultura y forma de pensar.

En el capitalismo, la clase explotadora, la clase capitalista, es dueña de los medios de producción: las fábricas, las máquinas y el capital inversor. Pero la burguesía no es dueña de los trabajadores que explota. Las masas populares tienen que venderle su fuerza de trabajo para subsistir. Se dice que en el capitalismo el individuo es “libre”, que a diferencia del esclavo o del siervo feudal, el trabajador de hoy tiene libertad dentro del mercado capitalista de trabajo. Pero ese espejismo de libertad oculta la realidad de la subyugación del proletariado a la burguesía. Para la gran mayoría, la “libertad” se reduce a esto: libertad de escoger si trabajar o pasar hambre; libertad de escoger el explotador al cual venderle la fuerza de trabajo; libertad de “trabajar para el patrón” o de trabajar por su cuenta sometido también a las leyes de la competencia que operan en el capitalismo.

Esta es la naturaleza básica de las relaciones de producción en el capitalismo. Y tales relaciones económicas se manifiestan en la institución del matrimonio y la familia, y la refuerzan. Aquí también opera el espejismo de la libertad: que en la “familia moderna” la mujer es libre, que tiene opciones y que controla su propia vida. En el capitalismo, es cierto, la mujer no es propiedad directa del marido, ni el padre la compra y vende directamente, pero las relaciones sociales patriarcales conllevan mil formas de brutal opresión.

La familia es la unidad económica básica de consumo en la sociedad y esto va contra la independencia y la liberación de la mujer. ¿Cuántas mujeres viven en relaciones vacías y violentas porque no tienen dinero para sobrevivir por su cuenta?. Las relaciones de hombres y mujeres son un espejo de las relaciones económicas de la sociedad capitalista. El hombre desempeña el papel de la burguesía en la familia. La división del trabajo en la familia es opresiva y relega a la mujer al papel de esposa, madre y ama de casa.

¿Qué dice sobre la naturaleza de la sociedad capitalista el que cada día, cada hora millones de mujeres en todo el mundo sufran violaciones, golpes, incesto, acoso sexual e incluso el asesinato?.

En el capitalismo, la familia es crucial para mantener el control y la cohesión social. Es crucial para criar y socializar a los niños, para enseñar las ideas y los valores tradicionales que refuerzan las relaciones de propiedad predominantes. Eso no es posible sin la subordinación tradicional de la mujer en la familia.

Por eso, para la clase dominante y los movimientos reaccionarios “la mujer debe estar en su casa”. Por eso, los reaccionarios atacan tanto a la mujer para volver a meterla en su papel tradicional ahora que el mismo capitalismo está minando la base de la familia tradicional.